Mitigación del Metano en América Latina

El cambio climático suele percibirse como un fenómeno lejano cuyos efectos se materializarán hacia fines de siglo. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que existen contaminantes climáticos de vida corta —especialmente el metano— capaces de influir decisivamente en la temperatura global en el corto plazo. Por Marcelo Mena.

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Según el Sexto Informe de Evaluación del IPCC (2021), el metano es responsable de aproximadamente 0,5 °C del calentamiento observado de 1,1 °C respecto a niveles preindustriales, equivalente a cerca del 45% del calentamiento neto acumulado (IPCC 2021). En conjunto, todos los contaminantes de vida corta —carbono negro, ozono troposférico, HFCs y metano— han contribuido a aproximadamente la mitad del calentamiento global registrado hasta la fecha (CCAC 2023).

La reducción de las emisiones de metano puede generar beneficios casi inmediatos, disminuyendo el riesgo de superar umbrales críticos como el límite de 1,5 °C establecido en el Acuerdo de París (UNEP y CCAC 2021). En este contexto, América Latina emerge como una región particularmente vulnerable al cambio climático, pero también como un territorio con oportunidades únicas para liderar acciones rápidas de mitigación.

Según datos de la IEA y la EPA para el año 2020, la región emitió aproximadamente 43.100 kilotoneladas (kt) de metano, con una distribución sectorial marcadamente distinta al promedio global, reflejo de su estructura productiva centrada en la agroindustria y la ganadería (IEA/EPA 2020).

Contaminantes de vida corta y el desafío del overshoot climático

Los contaminantes climáticos de vida corta permanecen en la atmósfera entre días y aproximadamente una década —mucho menos que el CO₂, que persiste por siglos. Esta característica implica que reducir sus emisiones puede traducirse en descensos relativamente rápidos del calentamiento.

La Evaluación Global de Metano (UNEP y CCAC 2021) concluye que una reducción del 45% de las emisiones antropogénicas de metano para 2030 podría evitar casi 0,3 °C de calentamiento adicional hacia 2045, manteniendo el objetivo de 1,5 °C al alcance. Esto convierte a la mitigación del metano en el mecanismo más veloz disponible para frenar el calentamiento en el corto plazo, limitando la magnitud y duración del período en que el planeta supera ese umbral.

El metano posee un potencial de calentamiento global entre 28 y 36 veces mayor que el CO₂ en un horizonte de 100 años (GWP100), y hasta 84 veces mayor en 20 años (GWP20), conforme al IPCC AR6 (IPCC 2021). Su concentración atmosférica actual es aproximadamente 2,6 veces superior a los niveles preindustriales y continúa creciendo (IEA 2021). Reducirla con rapidez, en paralelo a la descarbonización, es condición necesaria para una trayectoria climática segura.

Perfil regional del metano

América Latina presenta un perfil de emisiones de metano significativamente distinto al promedio global. Mientras que a escala mundial la agricultura representa cerca del 40% de las emisiones antropogénicas de metano, la energía fósil el 35% y los residuos el 20% (UNEP y CCAC 2021), en la región la agricultura domina con el 60,7% del total, seguida por los residuos (20,6%) y la energía fósil (18,7%) (IEA/EPA 2020). Esta brecha refleja el peso estructural de la ganadería extensiva en la economía regional.

Brasil concentra cerca del 38% de las emisiones regionales (~16.570 kt), con un 76% proveniente del sector agrícola, fundamentalmente de la fermentación entérica del ganado bovino. La región alberga una de las mayores existencias ganaderas del mundo: América del Sur cuenta con aproximadamente 350 millones de cabezas de ganado, representando el 24% de la producción mundial de carne bovina y más del 22% de las exportaciones globales (FAO 2023). Este es el sustrato estructural de la elevada participación agrícola en el metano regional.

México presenta una distribución más equilibrada (33% residuos, 36% agricultura, 31% energía fósil), lo que requiere una estrategia de mitigación más diversificada. Venezuela muestra el perfil más atípico, con un 62,5% de sus emisiones en el sector energético fósil, reflejo tanto de su base económica petrolera como del deterioro de su infraestructura de extracción y transporte de gas.

Argentina sigue el patrón ganadero regional con un 67% de emisiones agrícolas, mientras que Uruguay alcanza el 91,7%, el caso más extremo de la región (IEA/EPA 2020). La Evaluación Global de Metano identifica expresamente que en América Latina el mayor potencial de abatimiento se encuentra en el subsector ganadero, a diferencia de otras regiones donde predominan los residuos o la energía fósil (UNEP y CCAC 2021).

Residuos: una oportunidad inmediata

Los rellenos sanitarios generan metano a través de la descomposición anaeróbica de materia orgánica. En países con alta urbanización como Ecuador, Panamá y El Salvador, el sector de residuos supera el 40% de las emisiones totales de metano (IEA/EPA 2020). Las medidas disponibles incluyen la captura y valorización del biogás, el compostaje, la digestión anaerobia y la economía circular.

Según la Evaluación Global de Metano, las medidas técnicas disponibles podrían reducir las emisiones del sector residuos entre 29 y 36 Mt/año a nivel global para 2030, con una gran proporción implementable a costo neto negativo o bajo (UNEP y CCAC 2021). Este es el sector donde el financiamiento climático puede obtener los retornos más rápidos, combinando reducción de emisiones con mejoras en salud pública, generación de energía renovable y empleo local.

Agricultura: mitigar sin sacrificar producción

La fermentación entérica del ganado rumiante es la fuente dominante de metano en la región. América Latina y el Caribe contribuyen con aproximadamente el 25% de las emisiones globales de metano ganadero provenientes de países en desarrollo (Congio et al. 2022). Las soluciones disponibles incluyen aditivos alimentarios como el 3-nitrooxipropanol (3-NOP), mejoras en dietas, avances en genética animal y técnicas de manejo del pastoreo.

Estas intervenciones pueden reducir la intensidad de emisiones por unidad de producto sin comprometer la producción total. La FAO y el CCAC han documentado resultados prometedores en sistemas integrados que combinan ganadería, cultivos y silvicultura (FAO 2023). Dado que las emisiones agrícolas involucran a millones de productores dispersos, su reducción exige políticas públicas robustas, programas de extensión y financiamiento climático específico.

Energía: transición y competitividad

Aunque el sector energético fósil representa solo el 18,7% de las emisiones regionales de metano, su mitigación tiene una lógica económica especialmente atractiva: las fugas de metano en sistemas de petróleo y gas representan pérdidas directas de producto comercializable. La IEA estima que entre el 40% y el 50% de las emisiones del sector petróleo y gas puede reducirse a costo neto negativo —el valor del gas recuperado supera el costo de la intervención (IEA 2021).

Adicionalmente, la adopción de estándares de intensidad de metano se está convirtiendo en condición de acceso a mercados con regulaciones ambientales exigentes, especialmente en Europa. Para países exportadores o aspirantes a serlo, la reducción de emisiones fugitivas es tanto una obligación climática como una necesidad competitiva.

La mitigación del metano representa una oportunidad única para enfrentar el cambio climático con resultados visibles en el corto plazo. América Latina posee las condiciones para liderar esta agenda: un potencial de reducción significativo y medidas técnicas ya probadas. Una estrategia regional efectiva debe priorizar el sector ganadero en los grandes emisores agrícolas —Brasil, Argentina y Uruguay—, la gestión de residuos en los países más urbanizados, y las emisiones fugitivas de petróleo y gas en Venezuela y México.

La articulación de financiamiento climático internacional, mercados de carbono bien diseñados y políticas públicas sectoriales coherentes puede posicionar a la región como referente global en mitigación de corto plazo, generando beneficios climáticos, económicos y de salud pública de manera simultánea.

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