En los últimos 10 años en América Latina, las pérdidas económicas por catástrofes naturales llegaron a USD 100.000 millones de dólares, pero solo USD 19.000 millones se encontraban aseguradas. ¿Las aseuguradoras deben incorporar las consecuencias del calentamiento global a su estrategia empresarial? Por Jorge Kinbaum.

La temperatura de nuestro planeta se encuentra en aumento sostenido. Los últimos 12 años han sido los más cálidos desde que se tienen registros.
La emisión de gases de efecto invernadero es la principal responsable del aumento constante de la temperatura media del planeta. En el año 2024, el valor de esa temperatura superaba en 1.5°C al promedio de los valores registrados en la era preindustrial. Esta diferencia es récord histórico.
Las catástrofes naturales que impactan en el mercado asegurador, como ciclones tropicales, inundaciones, incendios forestales, tormentas, y sequías se encuentran en permanente crecimiento en su frecuencia y en su intensidad como consecuencia del cambio climático. Las pérdidas aseguradas producto de las catástrofes naturales crecen anualmente entre el 5% y el 7%.
Durante el año 2025, las pérdidas económicas a nivel global causadas por desastres naturales ascendieron a 260.000 millones de dólares. Las pérdidas aseguradas ese mismo año alcanzaron los 127.000 millones de dólares, superando los 100.000 millones por sexto año consecutivo.
Impacto en la región
El calentamiento global tiene especial impacto en el crecimiento de los riesgos secundarios, es decir, aquellos de menor intensidad pero mayor frecuencia, tales comosequías,inundaciones ofuertes vientos, que son los que causan las mayores pérdidas a la industria aseguradora.
En el año 2023 se produjo una sequía histórica en la República Argentina. La pérdida económica superó los USD 20.000 millones, afectando duramente al Producto Bruto Interno. A pesar de que solo una menor parte de las pólizas de seguros agropecuarios cubren el riesgo de sequía, los siniestros consumieron el 92% de las primas emitidas por las aseguradoras en ese ramo. Durante el año 2025 la inundación en Bahía Blanca y granizadas en la provincia de Santa Fe también produjeron grandes pérdidas en el mercado asegurador.
En abril del 2024 las inundaciones en el sur de Brasil generaron pérdidas por USD 5.000 millones de las cuales USD 1.400 millones se encontraban aseguradas.
Solo en ese año 2024 ocurrieron también importantes pérdidas económicas por incendios forestales y tormentas convectivas en Chile y sequías en Brasil.
En Argentina las aseguradoras ofrecen distintas coberturas que protegen contra los efectos de las catástrofes naturales:
- Seguros para vehículos: Incluyen daños producidos por inundación en el caso de las coberturas más completas y por lo tanto, más caras y no accesibles para todos. La inundación de Bahia Blanca causó pérdidas de decenas de millones de dólares al mercado asegurador
- Pólizas de incendio: Las pólizas de incendio tradicionales, de riesgos nominados, solo suelen incluir los daños producidos por vendavales. Sin embargo, para riesgos industriales, estas últimas pólizas hoy se han reemplazado por aquellas denominadas contra todo riesgo. Estas incluyen el riesgo de inundación. También fueron muy afectadas por la inundación en Bahia Blanca.
- Seguros agropecuarios: Las consecuencias de los riesgos climáticos en los cultivos se encuentran amparadas por las pólizas para el agro. Debido a las pérdidas catastróficas producidas en ciertas campañas, la cobertura de sequía es hoy ofrecida por pocas compañías y de manera muy limitada.
- Seguros para el hogar: En los seguros para el hogar, el riesgo de inundación está en general excluido. Actualmente se encuentran en etapa de desarrollo los seguros paramétricos. Estos actúan a partir de la superación de cierto parámetro, por ejemplo, la velocidad del viento, o la cantidad de lluvia caída en un periodo breve en la zona cubierta. Una vez que se activa la cobertura, se indemniza a toda una masa de asegurados con un valor predeterminado. Esta modalidad es apta para incluir bajo el amparo a los hogares de los sectores de menores recursos en forma masiva dada la simplicidad de su aplicación, pero requiere de estudios previos que permitan fijar correctamente los parámetros. Para su implementación se requiere de la participación del estado, subsidiando al menos en parte su costo.
Las compañías de seguros basan sus cotizaciones en las estadísticas de hechos previos que le permiten estimar las pérdidas futuras.
Las dificultades para hacer estas estimaciones con los eventos de la naturaleza debido a la escasez de estudios predictivos y a su crecimiento como consecuencia del cambio climático, hace que al producirse una catástrofe el duro impacto sobre la economía de las aseguradoras lleva a las mismas a aumentar sus tarifas convirtiéndose los seguros en poco accesibles, o a dejar directamente de ofrecer estas coberturas o, peor aún, se pone a riesgo la solvencia de los operadores del mercado.
Las aseguradoras deben incorporar las consecuencias del calentamiento global a su estrategia empresarial. Los organismos de control del mercado asegurador, nucleados en la International Association of Insurance Supervisors (IAIS), se encuentran trabajando en el asesoramiento y reglamentación de normas tendientes a proteger la solvencia de las aseguradoras.
La IAIS ha estimado que, mirando hacia el futuro, las consecuencias del cambio climático podrían tener un impacto sobre el capital de las aseguradoras que, en el mejor de los casos, si hacen una transición ordenada hasta que se alcance la emisión neta cero de gases de efecto invernadero, estaría en el orden del 7%.
En el otro extremo, si lo que se hace es demasiado poco y demasiado tarde, el impacto podría llegar a un terminal 50% del capital. La IAIS al mismo tiempo promueve el desarrollo de políticas que incentiven desde los seguros las conductas tendientes disminuir la emisión de gases de efecto invernadero.
En los últimos 10 años en América Latina las pérdidas económicas por catástrofes naturales llegaron a USD 100.000 millones de dólares, pero solo USD 19.000 millones se encontraban aseguradas. La brecha de protección es por lo tanto de un elevado 81%, valor sólo superado en el continente asiático. A nivel global la brecha es del 51%, siendo marcadamente más importante en las economías emergentes.
La alta brecha en la protección contra los daños producidos por los eventos de la naturaleza se debe principalmente a:
- La baja penetración de los seguros en las economías en desarrollo.
- La concentración de población y activos en zonas de alto riesgo.
- El aumento en la intensidad y frecuencia de eventos debido al cambio climático.
Reducción de la brecha en la protección
Es imprescindible que se priorice la reducción de la brecha en la cobertura. Para ello deben trabajar en conjunto el mercado asegurador y las autoridades del gobierno con el fin de mejorar los tres factores mencionados.
Las aseguradoras en Latam apoyadas en los avances tecnológicos y estudios técnico-actuariales cada vez más profundos se encuentran avanzando en el desarrollo de productos tendientes a amparar los riesgos climáticos hasta ahora difíciles de cubrir.
Un ejemplo de ello es el de la cobertura paramétrica multirriesgo agrícola, que incluye coberturas tales como sequía, que se ofrece actualmente en la provincia de Córdoba, gracias a un acuerdo entre el gobierno y cuatro compañías especializadas en el seguro agropecuario.
Esta se considera una experiencia piloto que podrá luego ser replicada por otros operadores en distintas jurisdicciones. El respaldo que brindan las grandes reaseguradoras, especialmente las europeas presentes en Latam, de la mano de los operadores locales, es crítico para la implementación de estos seguros innovadores.
Es carga especial de los gobiernos la reglamentación de códigos urbanos que tengan en cuenta la exposición a los riesgos catastróficos de manera tal de no permitir radicaciones que generen exposiciones evitables. Las aseguradoras podrán colaborar compartiendo sus estudios técnicos.
Para reducir la ocurrencia de eventos catastróficos será necesario reducir la emisión de gases de efecto invernadero. Desde el mercado asegurador se podrá incentivar este cambio ofreciendo coberturas especialmente diseñadas para los generadores de energías renovables. También se podrían ofrecer bonificaciones para aquellas industrias que recurran a fuentes de energía más eficientes.
El camino hacia las emisiones netas cero seguramente va a ser prolongado. Los cambios en el mercado asegurador requieren de tiempos no muy cortos y si bien hay mucho ajuste que deben hacer las aseguradoras en sus políticas y desarrollos, ya se ha tomado conciencia de la importancia de las consecuencias del cambio climático y la urgencia con la que se debe reaccionar.

