Un informe para impulsar el cambio en la región

Frente a las deudas históricas de desigualdad en la región, los recientes fallos internacionales abren una ventana de esperanza para la justicia climática en América Latina. Lejos de las falsas soluciones corporativas y las insuficiencias estatales, este informe propone descentralizar la acción hacia los territorios y las comunidades locales como la única vía real para transformar el modelo productivo y defender los derechos humanos. Por Carlos Aguilar, de OXFAM.

justicia climática en América Latina

Comencemos con las buenas noticias. El año pasado -2025-, la resolución emitida por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) sobre la opinión consultiva OC-32/25, en materia de emergencia climática y derechos humanos, dejó claramente establecidas las obligaciones de los Estados en materia de prevención, mitigación, adaptación y reparación climática, así como reconoció principios de equidad intergeneracional, la protección de pueblos indígenas, comunidades locales y defensores/defensoras de la naturaleza. 

Igualmente, la opinión consultiva de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) reafirmó que ante la amenaza existencial que representa el cambio climático, el incumplimiento de las obligaciones establecidas en los acuerdos internacionales genera responsabilidad de los estados, no solo para proteger el sistema climático global, sino además para reparar aquellos otros/as que sufren los mayores daños en virtud de los impactos diferenciados de la crisis.

Puede que parezca extraño iniciar la presentación de un informe sobre cambio climático con buenas noticias y más aún si se trata de nuestra región. Consolidada en el podio de las regiones más desiguales y violentas del planeta, nuestra región acumula deudas históricas con sus pueblos originarios, con grandes proporciones de población a quienes se les ha negado sistemáticamente sus derechos más básicos, -ni se diga las mujeres y los/as niños/as- y paralelamente con la naturaleza. Es por esta razón, que estas resoluciones constituyen una verdadera victoria para quienes han venido luchando desde los territorios y quienes han venido protegiendo derechos incluso con sus propias vidas. 

Justicia climática y elites

Las resoluciones finalmente reflejan toda esa lucha que está presente en la historia de nuestra región, no son documentos inertes, en ellos se condensan vidas, sueños y acciones cotidianas que dan sentido a toda la resistencia que nos parió y que nos tiene acá, frente a este informe. No son el cambio en sí mismo, pero nos sirven de base para impulsar una buena parte de los cambios que necesitamos a nivel regional. 

Se argumentará que las élites y grupos más poderosos económicamente -porque ya sabemos que la crisis climática es una crisis de desigualdades- no están interesadas en las resoluciones sobre derechos humanos y mucho menos cuando involucran los temas ambientales.

Sabemos quiénes son los países e incluso los multimillonarios que están abusando del presupuesto global de carbono, los principales contaminadores. Sabemos cómo lo hacen, cómo funcionan sus inversiones y sus negocios. Oxfam y otras organizaciones a nivel internacional han documentado esto de manera consistente por años (Oxfam. 2025). 

También sabemos que nuestra región está cada vez más expuesta y que la acción del Estado es insuficiente, hasta porque muchas veces es la fuente del conflicto. Es hora de reconocer que, para enfrentar la crisis climática y ambiental, el Estado como entidad macro-territorial (y el gobierno nacional como expresión política) es insuficiente, necesitamos reforzar las acciones considerando el desarrollo territorial desde el nivel local y comunitario. 

Confrontados/as con a la enorme proliferación de datos y de textos que intentan contar una vez más el momento dramático que vivimos como humanidad, -como si las evidencias no fueran cotidianas para la mayor parte de la población-, nos sentimos abrumados/as y porque no decirlo extraviados/as en nuestras prácticas y en nuestras apuestas.

Desafíos actuales en América Latina

Hay que tener claridad de que ninguna acción aislada, y mucho menos un documento, será suficiente frente a la dimensión de los desafíos actuales. 

Por nuestra posición geográfica y frente al resultado de sociedades excluyentes y brutalmente violentas, continuaremos a padecer las peores consecuencias de los eventos meteorológicos extremos. Los eventos son naturales, las catástrofes no.

Otro Informe de 2025, esta vez de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) insiste que la última década ha sido la más calurosa de la historia desde que tenemos registros, las concentraciones de gases efecto invernadero continúan aumentando, con el consecuente calentamiento de los océanos y el deshielo de los glaciares (Informe Mundial del Clima 2025). 

Lo más dramático es que estos datos refuerzan las tendencias en relación con los conflictos que estamos viviendo actualmente a nivel regional y global por el control de bienes tales como el agua, los minerales y las fuentes de combustibles fósiles y de energías renovables. A esto se suma una agudización persistente del hambre y de las enfermedades infecciosas emergentes, que la Organización Panamericana de la Salud destaca como la mayor amenaza para la salud en este siglo. 

La mediatización catastrofista del cambio climático, sumada a los discursos conservadores de odio y rechazo a cualquier expresión de derechos, que tanto daño está causando en América Latina, también organiza un menú de supuestas soluciones. Si algo tiene el sistema capitalista es una sólida capacidad de reinventarse aprovechando los propios engendros de las crisis que produce.

En busca de una economía en armonía

Estamos llenos de falsas soluciones, falsas para la naturaleza y las comunidades, pero muy bien pensados desde las lógicas de acumulación y despojo. No por falsas dejan de ser funcionales y hasta como se diría en el lenguaje neoliberal, altamente “eficientes”.

Es por esto, que la actual crisis climática y los efectos de las desigualdades en la vida de las personas y comunidades, nos fuerzan a pensar algunos aspectos que se incorporan en la reflexión de este informe. Primeramente, es fundamental un cambio en términos del sistema económico y productivo actual. Requerimos una economía basada en el respecto de los límites planetarios y en armonía con la naturaleza.

Esto supone una transformación que incluya los sistemas agrícolas, energéticos, de transporte y comercio de la región; poner límites a las actividades extractivas y al modelo basado en el uso (y abuso) intensivo de los bienes comunes. Supone el impulso de economías más sustentables, basadas en sistemas mixtos y complementarios, -en contraposición a los modelos de monocultivos y deforestación- que permitan colocar en el centro de la apuesta política el desarrollo rural y territorial a escala local y comunitaria. 

Los sistemas comerciales y alimentarios requieren inversiones sustentadas en acciones de resiliencia y manejo sostenible del suelo y del agua (agroecología, sistemas agroforestales, manejo comunitario de energías y otros) como parte de las alternativas que desarrollan las comunidades en materia de adaptación al cambio climático y para garantizar los medios de vida fundamentales.

Un modelo con estas características solo sería posible garantizando la inclusión y el liderazgo transformador de las mujeres, jóvenes, de los trabajadores/as, comunidades indígenas y afrodescendientes, para comenzar a revertir las relaciones de poder en los países, de forma que se visibilice y reconozca las voces y acciones de los diversos actores de la sociedad civil en la garantía y defensa de los derechos individuales y colectivos y del derecho a un ambiente limpio y sano.  

¿Qué podemos hacer?

Una acción inmediata y coordinada por parte de los países latinoamericanos para aumentar la ambición en las metas de reducción de gases efecto invernadero; por ende romper con la dependencia de los combustibles fósiles y de reducción sistemática de la deforestación, supone espacios a nivel nacional y regional con amplia participación de los sectores y priorizar el cumplimiento de las metas establecidas en los compromisos nacionalmente determinados (NDCs) y en las metas de mitigación y adaptación reflejadas en los planes nacionales. 

Este supone compromisos de los gobiernos y empresas privadas para cumplir con los acuerdos, para fomentar sinergias público-privadas que establezcan como regla el respeto de los derechos y acuerdos en materia de protección ambiental y no procedimientos engañosos para burlar la legislación y promover la explotación de los bienes comunes.

Finalmente, la operacionalización de muchas de estas medidas depende de que existan los recursos financieros. El incumplimiento de las metas establecidas desde el Acuerdo de Paris en materia de financiamiento climático es sumamente grave, está operando mediante mecanismos que favorecen la doble contabilidad y un esquema de endeudamiento para los países más afectados por los efectos adversos del cambio climático. 

Los países más contaminantes ni si quiera se toman en serio los fondos destinados para la acción climática a nivel internacional, mucho menos mecanismos de reparación económica y no-económica, que son responsabilidad derivada de sus acciones históricas de contaminación y destrucción.

Los compromisos en materia de financiamiento climático además no deberían centrarse exclusivamente en los montos necesarios para los países más afectados, incluso si estuvieran garantizados sabemos que bajo los esquemas de funcionamiento actual los fondos no llegan a las comunidades y personas más afectadas. Se requieren acciones decididas para ampliar la participación y gestión de estos recursos por parte de las entidades subnacionales y las propias comunidades.  

Lo urgente

Es necesario abordar urgentemente estos desafíos, además de las narrativas, re-significar las cosas que hacemos, no olvidarnos que las prácticas son el mejor indicador de la coherencia, prácticas que a menudo son guiadas por ideas, por nuestros sentires y nuestros deseos, alrededor del mundo que soñamos, y eso hace parte de una teoría. 

Este informe se pensó para fortalecer los elementos básicos que guían esas acciones y también para celebrar el cambio. Se trata de un documento imprescindible porque nos sitúa e ilustra sobre esas luchas que están llenando de sentido todos los cambios y todas las dudas que todavía tenemos sobre lo que podemos y lo que debemos. Lo que quiero decir es que el cambio se está gestando todos los días, no es algo que está por venir, sucede de acuerdo con lo que hacemos o dejamos de hacer. 

El cambio es ahora y necesitamos avanzar decididamente con acciones que enfrenten las profundas asimetrías generadas por las actuales dinámicas de poder y desigualdad a nivel global y regional. 

Bibliografía Consultada

– Organización Meteorológica Mundial. 2026. Informe Mundial del Clima 2025 (inglés):  State of the Global Climate 2025

-Oxfam. 2025. Saqueo Climático. Cómo una poderosa minoría esta llevando el mundo al desastre: EL SAQUEO CLIMÁTICO

Descargá el INFORME 2026

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