La desinformación en la comunicación de la crisis climática esta financiada por los grandes inversores de la industria de los combustibles fósiles para retrasar la acción climática. Cómo esta obstrucción se adaptó a los medios digitales. Por Brendan Demelle y Joey Grostern.

La ciencia del clima se ve desplazada en internet por información falsa y engañosa sobre el cambio climático. Esto no es un accidente. Es el resultado de un esfuerzo bien organizado y bien financiado de la industria de los combustibles fósiles para retrasar la acción climática.
Esto fue posible gracias a las plataformas digitales, especialmente las redes sociales, que han facilitado muchísimo la difusión ante audiencias cada vez más amplias de relatos que buscan postergar la acción climática, y que además, han hecho rentable esa estrategia. Hoy, un conjunto diverso de actores, entre ellos grupos políticos de extrema derecha, empresas periodísticas e influencers en redes sociales, impulsa mensajes que retrasan la acción climática, aunque sus objetivos sean distintos.
Debemos proteger la integridad de la información climática. Solo podremos enfrentar la desinformación climática en internet si entendemos la magnitud del problema y las condiciones que permiten que ocurra. Eso implica investigar a quienes la producen y la difunden.
A partir del trabajo periodístico de DeSmog, mostraré cómo las redes sociales y otras plataformas digitales potencian los mensajes favorables a los combustibles fósiles al permitir que los contaminadores y sus intermediarios generen, difundan y amplifiquen la desinformación climática en internet.
Comunicación en la crisis climática: incentivos a la desinformación
Las plataformas de redes sociales incentivan la desinformación. Monetizan los datos de los usuarios, como registros de “me gusta”, compartidos y otras interacciones, para crear publicidad segmentada. En su intento por mejorar esa segmentación, buscan maximizar el tiempo que las personas pasan en sus plataformas.
Aprendieron que el contenido escandaloso genera, de manera comprobable, más interacción que la información equilibrada y basada en hechos, por lo que ajustaron sus algoritmos para privilegiar la indignación y la provocación, incluso cuando eso promueve información falsa o engañosa sobre temas como el clima.
Al mismo tiempo, en ningún lugar las plataformas están legalmente obligadas a moderar la desinformación climática, y la mayoría se ha retirado de los compromisos voluntarios que había asumido en esa dirección.
Peor aún, estas plataformas aceptan publicidad de empresas de combustibles fósiles y obtienen ganancias de campañas de greenwashing diseñadas para debilitar la acción climática.
Con esto en mente, veamos las tácticas que usan los contaminadores y sus aliados para debilitar el argumento a favor de la acción climática, desde comprar espacios publicitarios en las plataformas hasta aprovechar la confianza depositada en influencers o en medios periodísticos, y respaldar voces mediáticas de derecha que usan la provocación para construir audiencias en internet.
Publicidad engañosa y desinformación
Las grandes plataformas digitales, como Meta y Google, ofrecen a la industria de los combustibles fósiles y a sus aliados espacio publicitario para convencer a los usuarios de que las operaciones de petróleo y gas son más verdes de lo que realmente son (greenwashing); promover soluciones que permiten a esas empresas prolongar sus operaciones fósiles; y afirmar que las soluciones transformadoras frente al cambio climático, como reducir la dependencia de los combustibles fósiles, son poco confiables o no merecen confianza. Pero eso no es todo.
En 2024, el medio estadounidense Epoch Times, conocido por difundir teorías conspirativas, lanzó en Facebook una serie de anuncios a través de su filial Epoch Times London con la pregunta:
“¿Y si más CO2 fuera en realidad bueno para el medio ambiente?”
Ese fue solo uno de más de 400 anuncios contrarios a la acción climática que Epoch Times London publicó ese año en plataformas de Meta. A pesar del compromiso que Meta sostenía entonces de moderar la desinformación climática en sus sitios, esos anuncios permanecieron en línea un promedio de 22 días cada uno. Solo fueron retirados luego de una denuncia presentada por la organización Global Witness ante el regulador publicitario del Reino Unido.
Y las redes sociales no son las únicas que ofrecen espacio publicitario en sus plataformas: los influencers también lo hacen. Los influencers capitalizan la confianza que construyen con sus seguidores.
Antes de la COP28 en Dubái, en 2023, varios influencers británicos de Instagram publicaron contenidos elogiosos sobre el liderazgo ambiental de los Emiratos Árabes Unidos y destacaron su “fuerte compromiso con la conservación y la sostenibilidad”, entre ellos la pareja Pia y Jeremy Jauncey, que en conjunto suma 16 millones de seguidores. Ninguno mencionó que el país se encuentra entre los diez mayores exportadores de petróleo del mundo y que tiene planes para expandir sus operaciones fósiles.
A diferencia de los banners publicitarios en internet, los influencers también pueden eludir con mayor facilidad las normas que exigen que empresas e individuos revelen que un contenido fue pago y quién lo financió. Eso resulta útil para los contaminadores.
Uno de los influencers contactados por DeSmog para esa investigación dijo que no le habían indicado que etiquetara sus publicaciones como anuncios, y que se sintió “decepcionado” al enterarse de que Emiratos era un petroestado. En muchos países, incluido el Reino Unido, los anunciantes están legalmente obligados a declarar las asociaciones pagas.
Los medios tradicionales también
Y no se trata solo de las redes sociales. Algunos de los medios más confiables del mundo, entre ellos Reuters, The New York Times y The Financial Times, siguen alojando anuncios de combustibles fósiles, y en ocasiones producen contenidos con apariencia periodística para esas empresas a través de estudios internos de publicidad. Entre esos formatos están los advertorials, anuncios disfrazados de periodismo que prestan la credibilidad de una marca periodística a quien pueda pagarla.
Un ejemplo es el podcast de ocho episodios “Powered by How”, producido por Reuters y financiado por la petrolera Saudi Aramco. Allí, ejecutivos de la empresa tuvieron vía libre para hacer greenwashing sobre el impacto ambiental de la compañía, sin mencionar que Aramco es la mayor petrolera del mundo y una de las más contaminantes, con planes de expandir fuertemente su producción fósil en los próximos años.
Este tipo de anuncios socava el periodismo climático de calidad que muchos de estos mismos medios producen. También pone en evidencia la doble cara del periodismo comercial, donde la búsqueda de ganancias puede debilitar la integridad editorial.
Astroturfing
“El compromiso de Emiratos Árabes Unidos con ser el anfitrión perfecto de la COP28 es una muestra de su liderazgo para enfrentar el cambio climático”, decía una publicación de un usuario de X, entonces Twitter, en los meses previos a la cumbre climática global que iba a celebrarse en ese petroestado.
Esa cuenta, junto con al menos otras 100 similares, con fotos de perfil generadas por inteligencia artificial, publicó al menos 30.000 mensajes parecidos sobre Emiratos en la previa de la cumbre. Muchas de esas cuentas solo fueron suspendidas luego de una investigación de The Guardian, mientras que otras lograron evitar la suspensión cambiando sus nombres de usuario.
Ese es un ejemplo clásico de astroturfing, el uso de cuentas falsas y mensajes coordinados para simular la existencia de un apoyo popular amplio y espontáneo. La llegada de la inteligencia artificial generativa redujo enormemente el costo y el esfuerzo necesarios para producir este tipo de campañas masivas y coordinadas de desinformación.
“La IA redujo el costo de la desinformación a casi cero. Automatizó la basura”, dijo Phil Newell, copresidente de comunicación de la coalición Climate Action Against Disinformation (CAAD), en otra investigación publicada por DeSmog en agosto de 2025.
Ese artículo incluía un ejemplo escandaloso de contenido generado con IA en MSN, uno de los mayores agregadores de noticias del mundo, con un alcance mensual de 200 millones de usuarios. Allí se publicó una nota que incluía, de forma visible, una instrucción claramente generada por IA que decía: “Te ayudaré a escribir un artículo sobre ‘Lo que el movimiento climático no te está contando’ con hechos y datos actuales. Primero voy a buscar la información más reciente”. Esa publicación llegó potencialmente a los feeds de millones de usuarios de MSN.
Think tanks
Los think tanks financiados con recursos de origen poco transparente han jugado durante mucho tiempo un papel central, aunque velado, en la difusión de mensajes favorables a los combustibles fósiles en los medios. Lo más reciente es la forma en que esos think tanks ahora se asocian con medios de derecha y también los financian, medios que difunden con facilidad mensajes escandalosos contra la acción climática.
En el Reino Unido, por ejemplo, la Global Warming Policy Foundation y su organización derivada Net Zero Watch colocan a sus lobistas en medios de derecha, donde son presentados como expertos imparciales. Esos lobistas aprovechan esas apariciones para hacer afirmaciones controvertidas y atacar a políticos mientras explican por qué el Reino Unido debería frenar la transición energética. Luego, los medios recortan, comparten y amplifican esos fragmentos en redes sociales.
En 2021, otro think tank de derecha opuesto a la acción climática, el Prosperity Institute, se alió con un administrador de fondos de cobertura para financiar la versión británica de Fox News: GB News. Aunque el canal tiene una audiencia televisiva modesta, sus clips circulan masivamente en internet. Para 2024, uno de sus financistas afirmó que el canal había superado los mil millones de visualizaciones en YouTube y que había desplazado “de forma comprobable” el debate mediático británico hacia la derecha.
El manual de la obstrucción climática digital
Este tipo de campañas de influencia digital está teniendo efectos reales y medibles sobre el apoyo público a la acción climática. En el Reino Unido, el respaldo al objetivo de emisiones netas cero cayó con fuerza: en 2026, el 26 % de la población decía que el país no debería tener ninguna meta de cero neto, frente al 9 % en 2021.
Incluso la creencia en la existencia del cambio climático se está debilitando en algunos lugares. En Australia, el porcentaje de personas que cree que el cambio climático es simplemente el resultado de “una fluctuación normal del clima de la Tierra” aumentó entre 2016 y 2025, del 26 % al 35 %, a pesar de incendios forestales y olas de calor récord.
Estos cambios no ocurren en el vacío. Son el resultado de esfuerzos coordinados para sembrar dudas, justificar la postergación de la acción climática y distorsionar la conversación pública, utilizando herramientas y plataformas digitales para hacer que la desinformación parezca orgánica, popular o respaldada por expertos.
Enfrentar la crisis climática no depende solo de las emisiones. También depende de las historias que contamos y de quiénes tienen la posibilidad de contarlas. Si las plataformas digitales siguen premiando la indignación y la postergación de la acción y lucrando con la desinformación, la acción climática seguirá estancándose. Enfrentar el obstruccionismo climático implica enfrentar también los sistemas y los incentivos que le permiten prosperar.

