Bienvenida a un nuevo mundo

Trueque, reciclaje y tiempo de calidad.

– Thaiane Maciel –

Habían pasado 10 años desde que me mudé con mi familia a esta nueva ciudad: justa, sustentable, donde mujeres y hombres ganan lo mismo, donde no hay diferencias raciales, de género, sociales o ambientales. Cerca de las montañas de la Mata Atlántica, uno de los biomas brasileños más acogedores y llenos de oportunidades, debido al suelo, rico en nutrientes. El aire en mi ciudad siempre fue puro, debido a la cantidad de árboles frutales y la altitud. Este nuevo hogar además tiene silencio, es lo que más me gustó. Es como si el tiempo ya no se midiera: mi propio cuerpo dicta su propio ritmo y la vida encaja en su lugar. La naturaleza dicta las reglas, no la comunidad local. 

Recogemos la mayor parte de nuestros alimentos del huerto comunitario que está un poco más cerca del centro del pueblo. Hay un poco de todo: hierbas medicinales para todas las enfermedades, muchos tés y frutas de temporada. Lo que la tierra no nos da, lo producimos nosotros, pero siempre respetando las necesidades de la Tierra, no las nuestras. Eso me sorprendió, es un gran cambio respecto al pasado. El mercado local es variado y podemos intercambiar alimentos por algo que produzcamos nosotros, en casa. El viejo trueque se ha convertido otra vez en la principal forma de pago en nuestra ciudad. Nos hemos vuelto muy creativos para este intercambio. 

Hacemos ejercicio casi a diario, no sólo para nuestro cuerpo, como caminar y andar en bicicleta por la ciudad, sino que también entrenamos nuestra creatividad de forma artística, la mayor parte del tiempo. Una mezcla de yoga, escritura libre, pintura, cerámica y actuación. Vivir es un arte y en nuestra comunidad es necesario sentirlo. Sentimos la Tierra, sentimos el viento soplando en la cara. Colocamos los pies en el suelo antes de ponernos los zapatos.

Me desperté sin despertador, con los pájaros cantando. Podía escuchar mi propia respiración, lenta y tranquila. Llené mis pulmones de aire y recordé que hoy sería un día especial, el día en el que nacería mi sobrina. Me quedé en cama pensando en cómo cambió mi vida en los últimos 10 años, la paz que por fin tiene mi familia, pero tuve que levantarme porque el perro comenzó a lamerme la mano, llamándome para que abriera la puerta para poder jugar en el patio trasero. Es que es un día hermoso, con un sol brillante y la aurora boreal de fondo, pero no hace mucho calor. La temperatura no supera los 20 grados en esa época del año, y la cascada cerca de la casa también ayudaba a generar energía y mantener el lugar fresco. Extraño el queso de mi abuela, me hubiera gustado desayunarlo. Pero la tengo conmigo en un abrigo de punto que ella había hecho y decido usarlo para pasear en bicicleta por la ciudad. 

Más tarde me hago el tiempo de llevar mi bolsa con 30 kilos de envases de plástico a nuestra planta de reciclaje enfocada en la construcción civil sustentable, para transformarla en hormigón sustentable y renovar parte de nuestra nueva casa. La ciudad fue construida íntegramente con embalajes extraídos del océano o de materiales naturales; no hubo quema de combustibles fósiles. Pudimos restaurar todo el ecosistema de la ciudad costera más cercana, Oceana, a través de nuestras tecnologías sustentables.

Desde allí llego al ayuntamiento local para discutir las nuevas técnicas agrícolas que adoptaremos a partir del próximo mes. Hay departamentos para todo: Energía, Técnicas de Siembra, Uso de la Tierra y Agricultura, Construcción Sustentable, Género y Diversidad, Empleabilidad y Tecnologías Sociales, entre otros. Nos organizamos de manera colaborativa, cada política pública fue consensuada antes de su implementación, sin dañar ni perjudicar de ninguna manera a las especies más allá de nosotros, los seres humanos. Se tuvieron en cuenta los animales ya que en esta comunidad si bien algunos pocos no son veganos, todos somos vegetarianos.

Trabajar localmente y en beneficio de mi pueblo me ha hecho reducir mucho mi relación con el móvil. Reviso mis correos electrónicos una vez a la semana, porque lo que realmente me gusta es hablar en persona, hacer café recién tostado, ensuciarnos las manos. Eso hago cuando me encuentro con Clarisse, una amiga con quien comparto la lucha política y que es también una gran escritora brasileña. Nos gusta juntarnos cuando la noche empieza a formarse, que a esta altura del año es siempre más temprano. Nos gusta ver el mar de estrellas en el que se convierte el cielo. Nos tumbamos descalzas sobre la hierba. Hablamos de cómo nuestro pueblo está sirviendo de inspiración para todo el mundo. Habíamos creído que el futuro sería de coches voladores, y al final era reconectarnos con la tierra, respirar aire fresco y escuchar el canto de los pájaros. Hoy sabemos los nombres de más especies de animales y plantas que marcas, queremos disminuir, no aumentar. 

Me encantaría quedarme con Clarice, pero también quiero ir a la casa de mi hermano. Mi sobrina está llegando. Mañana haremos una fiesta. Los niños jugarán en el patio trasero de mi casa, un parque hecho de residuos recuperados. Mi hija seguro jugará al ajedrez, que le interesa tanto. Los perros estarán muy cerca buscando atención. Los hombres van a ocuparse de la cocina y mi mamá va a mostrarme orgullosa su nuevo compostador conectado a una estufa a gas para poder cocinar. Hace días que quiere enseñármelo. Ya puedo imaginarlo ahora mismo mientras esperamos ansiosamente el nacimiento de Anastasia. Uno de mis mayores sueños fue ser madre, pero nunca imaginé la emoción de ser tía. Ver a mi hermano menor formar una familia es transformar el amor en algo vivo: mi sobrina. Estamos todos juntos en ese momento. No hay dolor, sólo comunión familiar. Al nacer, ella sonríe, todavía con los ojos cerrados. Respiro profundamente y me alegra recibirla ahora, viviendo la vida que siempre soñé. 

Thaiane Maciel

Ingeniera ambiental y actriz. Fundadora del Canal Novo Mundo. Reconocida como una de las 50 estrellas en ESG por el Financial Times, personalidad climática por The Climate Reality Project y ciudadana Verde de la Unesco. Actualmente cursa una maestría en Clima, Tierra, Agua y Sostenibilidad en la Universidad de Potsdam, Alemania y es becaria internacional de protección climática de la Alexander von Humboldt Stiftung en Berlín. Actualmente es Representante de País del Ifa (Instituto de Relaciones Externas y Culturales) de Alemania y directora del Instituto Ecocria.

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