Una presidenta

Trans y proveniente de la Nación Charrúa, asume una mujer que llama al bien común

Collete Spinetti Núñez

Durante la campaña electoral hubo una frase de ella que me quedó resonando. Los medios decían que era la candidata contra los conservadores y en una entrevista dijo que no, que ella en realidad era la conservadora: “Yo soy conservadora porque conservo la cultura de mi pueblo, ellos no lo entienden”. Yo ya sabía que iba a votarla, pero cuántos más se habrán convencido con esa declaración.

No hace tanto había sido noticia que una persona trans llegara a un cargo en el poder ejecutivo como secretaria de Derechos Humanos. Y ahora, unos años después, una trans asume la presidencia de Uruguay. Proviene de la lucha de la comunidad LGBTIQ+ pero también de la Nación Charrúa, una mujer originaria orgullosa de su identidad y sus raíces. Sabemos que la ceremonia de hoy cumplirá todos los ritos de nuestra democracia. Pero sabemos también que esta vez será diferente.

Las cámaras toman sus tacos haciendo ruido en el suelo de la Asamblea General. La presidenta sube las escalinatas del Palacio Legislativo custodiada por la Guardia Militar. Los saluda, hacen la venia. Es la nueva comandanta en jefe, por supuesto. Hay senadores y senadoras, diputados y diputadas, que se apostan para verla caminar hasta el lugar donde será el juramento. Hay saludos y se escucha el ruido de los tambores que se cuela desde la calle, donde hay fiesta.

En Uruguay celebramos la democracia. Nos ha costado conseguirla. Los traspasos de mando son días de celebración, donde algunos renuevan las esperanzas y el resto confía en que quien asume tendrá en mente el bien común. Esta presidenta ha hecho campaña hablando de la naturaleza y promete una agenda ambientalista. No puede ser de otra manera: hace años que está en política pero ganó notoriedad el año pasado cuando se encadenó para impedir el desmonte de un cerro protegido por la comunidad originaria. Estaba preservando el pasado y el presente. Le preguntaron después si había tenido miedo y ella dijo que no. Toda persona trans es una sobreviviente, acostumbrada a resistir y poner el cuerpo. Esa verdad tan propia del colectivo caló hondo en el ánimo de los uruguayos y las uruguayas y ahora tienen esta presidenta.

Hay tensión, por supuesto. Nuestra tradición dice que el presidente saliente es quien debe colocarle la banda presidencial. Se ha diseñado de acuerdo a los pedidos de la Presidenta, como hace cada persona que asume la máxima autoridad. No se revelaron detalles, pero verla entrar a ella es un anticipo: ha elegido ropa simple que después sabremos que no es estreno y de hecho ha sido reciclada. Tiene colores y bordados hechos a mano por artesanas originarias y mujeres emprendedoras de distintos rincones del país. No es una Presidenta de traje sastre, no ha cambiado su aspecto para el día de hoy sino que se mantiene fiel a su identidad: mujer trans y originaria.

Hay abucheos. Los aplausos suenan más fuerte que cualquier queja. Ella se mantiene impertérrita. Jura sobre la Constitución. En la calle, un grupo de mujeres trans lloran de emoción por lo que alguna vez pareció imposible. Hay chicos y chicas con banderas uruguayas.

En su discurso, la Presidenta menciona a jefes de Estado, autoridades, casas reales. Y luego agrega a quienes la abuchearon hace un momento. Les dice: “Ustedes también son hijos e hijas de la tierra y eso nos hermana, y por lo tanto nos compromete a defenderla”. Hay más aplausos. Dice que se compromete a hacer de este un país más igualitario, que no acepte la discriminación ni los discursos de odio, que se defienda ante los intentos de avance de grupos en contra de los derechos humanos y los derechos del ambiente, íntimamente relacionados. 

Promete que su asunción no va a terminar con una costumbre que adoptó en campaña: recorrer permanentemente el país. Como candidata tenía un ritual cada vez que llegaba a un pueblo: tomaba un puñado de tierra y se lo llevaba al pecho, a la altura del corazón. Hoy decide hacer a pie la recorrida desde el palacio Legislativo a la Plaza Independencia. Se sale permanentemente del protocolo y se acerca a la gente que vino a acompañar la asunción.

El Presidente saliente debe colocarle la banda. Es un momento tenso: él había ordenado la represión cuando ella se encadenó a los árboles en el monte. El presidente se detiene un momento con la pieza en el aire, parece que dudara. Ella lo mira serena, le apoya la mano en el brazo que finalmente le coloca el atributo. Se saludan y lo acompaña a retirarse, como marca la tradición. En lugar de caminar una detrás del otro, lo hacen a la par.

Otra vez, la Presidenta tiene ocasión de hacer un pequeño discurso: dice que convoca a todos y todas a pensar en el bien común, en la pública felicidad. Nos convoca a trabajar para ello más allá de las creencias particulares. Habla de hacer acuerdos, de tender puentes, de procurar lo mejor para los uruguayos y las uruguayas en el país y también quienes viven en el exterior.

Antes de tomarle juramento a los ministros, la Presidenta rompe otra vez el protocolo y se acerca a saludar a su hermana, que está emocionada en primera fila. Hace tiempo que de la familia biológica están ellas dos solas, pero son una familia inmensa de hermanas elegidas: de distintos orígenes, de distintas edades, de distintas ideas. Así se ve la familia de la nueva presidenta del Uruguay. Trans y originaria. 

Collette Spinetti Núñez

Secretaria de DDHH de Presidencia de la República. Transfeminista, militante por los DDHH de las personas trans. Trabaja hace 10 años en cárceles con población trans privada de libertad. Fue fundadora y presidenta de UTRU y de CTU hasta que renunció por intereses de Conflicto debido a su cargo en el gobierno. Profesora de literatura y de danza. Presidenta del Comité Mundial Trans de ILGA Mundo. Secretaria General de Corpora en Libertad

📩 ¿Querés recibir 1 relato por semana?
Suscribite 👉

Dejá un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *