Panorama del ecosistema de innovación climática en América Latina y el Caribe

En los últimos años, el ecosistema de innovación climática en América Latina y el Caribe ha mostrado avances, y la creciente evidencia local de los impactos del cambio climático refuerza la necesidad de seguir fortaleciéndolo. Por Christian Daube.

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Cuando hablamos de avances, nos referimos al crecimiento de los actores de apoyo y de los emprendimientos climáticos en la mayoría de los países, así como a mejores resultados en creación de empresas, continuidad de los proyectos, generación de empleo, crecimiento de ingresos y aumento de las inversiones. Sin embargo, todavía faltan casos de salida exitosos o climatechs de escala global originadas en la región que permitan consolidar plenamente el caso de inversión.

La pregunta de fondo es si los enfoques tradicionales de otros ecosistemas de innovación pueden aplicarse aquí, dado que las innovaciones y tecnologías climáticas tienen necesidades diferentes, requieren más tiempo de maduración y, por lo tanto, no encajan bien en los modelos tradicionales de venture capital.

Diversas organizaciones de apoyo están intentando aplicar modelos más adaptados para acompañar a las climatechs de manera adecuada. Entre ellas se encuentran Cleantech Hub, Antom.la, Impact Hubs, Chile Global Ventures, asociaciones como Climatech Chile y Climatech Argentina, así como los CATAL1.5T —con apoyo del Fondo Verde para el Clima (GCF) y del BMZ, a través de GIZ— y el enfoque de Climate KIC —respaldado por Salesforce, Irish Aid, Bank of America e IDB Lab—. Estas iniciativas trabajan en etapas como ideación, incubación o preaceleración, aceleración y financiamiento no reembolsable.

Al mismo tiempo, la cantidad de emprendedores climáticos creativos ha aumentado hasta alcanzar cifras no oficiales de entre 600 y 800 en toda América Latina y el Caribe, distribuidos en distintos niveles de madurez y en sectores diversos. En conjunto, han levantado más de 3.000 millones de dólares, principalmente en rondas Seed y Series A, con muy pocos tickets de mayor escala.

Pero muchos emprendedores de la región creen tener soluciones climáticas, cuando en realidad no siempre logran demostrarlo con claridad, ya que carecen de la comprensión, las herramientas y los recursos necesarios para cuantificar su impacto climático real y potencial, tanto en mitigación como en adaptación.

Al mismo tiempo, enfrentan de manera permanente el desafío de alcanzar la sostenibilidad financiera sin descuidar su salud mental. En este contexto, también resulta importante abrir la discusión sobre el decrecimiento —entendido como la reducción de la producción y el consumo para aliviar la presión ambiental— y sobre la necesidad de transformaciones sistémicas profundas en determinados territorios o industrias para acelerar cambios reales.

Aun así, algunos inversores —ángeles y fondos de venture capital— han comenzado a prestar atención específica a este campo, como Dalus, Antom, Savia o Regenera VC, entre otros. Muchos otros lo han incorporado dentro de su foco de inversión de impacto.

Sin embargo, la atención sigue concentrándose sobre todo en sectores como forestación, uso del suelo y créditos de carbono, mientras que áreas clave para la mitigación —como energía, transporte y construcción— continúan necesitando mayor financiamiento.

Persisten, además, barreras culturales y regulatorias que dificultan la creación y el crecimiento de este tipo de soluciones. Siguen faltando incentivos y mecanismos de reducción de riesgo para que el sector privado y el sistema financiero las apoyen, mientras que las agencias y bancos de desarrollo han reducido su financiamiento para asistencia técnica enfocada específicamente en innovación climática.

Eventos como la COP30 y la COP15, junto con otros espacios vinculados a biodiversidad, agricultura, alimentos, energía y regeneración, siguen contribuyendo a fortalecer el ecosistema y a mejorar la coordinación entre actores.

Hay varios pasos que este ecosistema de innovación climática de América Latina y el Caribe necesita dar para habilitar una generación mayor de impacto climático positivo, tanto a nivel local como global:

  1. Fortalecer la articulación entre actores —sector público, sector privado, ecosistema de innovación, academia, sector financiero, entre otros— para construir iniciativas conjuntas con metas concretas orientadas a resolver necesidades específicas.
  2. Acelerar la transición hacia emisiones netas cero en las empresas y en ámbitos territoriales como las ciudades mediante el apoyo de innovaciones, y al mismo tiempo ayudar al sector privado a volverse más resiliente frente a la crisis climática, tanto en sus operaciones como en sus cadenas de valor y suministro.
  3. Crear y habilitar mecanismos de financiamiento diversos y combinados que permitan a las innovaciones escalar e ingresar al mercado.
  4. Actualizar las condiciones marco —políticas públicas orientadas al sector privado, garantías para el sector financiero, incentivos al emprendimiento climático, educación y desarrollo de deep tech— para ampliar el impacto climático.
  5. Movilizar capital catalítico proveniente de la filantropía, de agencias y bancos de desarrollo, y de los propios países de la región, para fortalecer a los actores del ecosistema que impulsan el lanzamiento y escalamiento de innovaciones climáticas.
  6. Poner a la naturaleza en el centro como un activo estratégico e incorporar prácticas regenerativas en todas las actividades económicas.
  7. Trabajar de manera equilibrada, según los contextos locales, en distintas áreas climáticas como mitigación, adaptación, resiliencia, economía circular, economía azul e innovación oceánica, naturaleza y bioeconomía, y captura de carbono.

Por último, será fundamental sostener procesos permanentes de articulación entre actores, experimentación, aprendizaje e iteración conjunta de estos pasos, hasta encontrar la combinación local adecuada para responder a los desafíos climáticos tanto en cada territorio como a escala global.

El ecosistema necesita evolucionar hacia clusters más específicos, con esfuerzos coordinados y experimentos concretos que permitan desaprender formas tradicionales de emprender y encontrar nuevas maneras de escalar la innovación climática y su impacto, enfocándose en los desafíos y sectores más relevantes para reducir emisiones y aumentar la resiliencia climática a nivel local y global.

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